Nunca es una carrera más

El domingo 15 de diciembre del 2013, tomé la salida de una nueva carrera. En éste caso, la distancia era un medio maratón (21 km), aunque son muchos kilómetros no me son desconocidos, ya era mi novena salida en esa distancia. Lo que hacía especial esa carrera eran varias circunstancias que se unieron para regalarme una nueva meta.
La primera era la localización de la carrera: Navalmoral de la Mata, pueblo unido a mi vida gracias a mis estudios durante varios años (de 6º de EGB hasta 2º de BUP). En ese pueblo pasé parte de mi adolescencia y por esas calles he paseado muchas veces.
La segunda y no menos importante los organizadores: Miguel Gamonal y Julian del Monte, personas que tuve la gran fortuna de conocer en Rotterdam, en el año 2012. Es gracioso ir al restaurante de un hotel y ver dos chandals de dos moralos y poder comer algo con ellos.
La tercera y, para mí, más importante era contar en la salida y en la meta con la presencia de mi padre. Nunca me ha visto correr (y ya llevo más de dos años trotando con unas zapatillas) y la verdad es que me confesó que no confiaba en que la acabase.
Una vez presentado el escenario de la carrera vamos a lo importante, cómo viví mi noveno medio maratón.
Esa mañana me desperté como siempre, descansado, tranquilo, sin ningún tipo de inquietud sobre lo que iba a suceder. Para mí todas las carreras empiezan igual, pero ésta era algo distinta, durmiendo me había visto llegando a meta con mi padre. Conforme me iba vistiendo, tenía la sensación que iba a tener frío, pero sabiendo que rápidamente cojía temperatura, decidí correr con mallas cortas y con camiseta corta (una termoreguladora interior, una técnica de manga corta exterior). La hora de comienzo (once de la mañana) era propicia para no necesitar mucha más ropa y la verdad es que hizo mucho sol. A las diez ya estabamos por la zona de salida y pude dejar la ropa en el guardarropía, saludar a Miguel Gamonal y hacer un calentamiento básico para prepararme para la salida.

Cuando empiezas un camino no sabes como va a acabar

Cuando empiezas un camino no sabes como va a acabar

Dieron la salida y nos lanzamos hacia lo que teníamos por delante. El grupo era muy reducido, no más de 400 corredores y tenía la convicción de no sólo que iba a ser el último, sino que rápidamente me iba a descolgar. Afrontábamos el paso por el primer kilómetro y los que iban delante de mí ya me sacaban unos 3 ó 4 metros. Miré el garmin y el ritmo del primer km era inferior a seis minutos el km. Decidí frenarme un poco, pero el terreno y el grupo tiraban con fuerza; en ese momento supe que iba a ser una carrera en la que tendría que trabajar mucho mi autocontrol y mi regulación de ritmos.

Aunque cierres el grupo, nunca pierdas la sonrisa

Aunque cierres el grupo, nunca pierdas la sonrisa

Los 6 primeros kilómetros pasaron rápido y salimos del pueblo para afrontar la parte más complicada del circuito, la subida hasta el pueblo de Millanes. Una larguísima cuesta de no sé cuántos kms, que me hicieron utilizar todos mis pequeños conocimientos y “truquillos” para hacer que la subida no me desgastase demasiado. Justo cuanto empezaba la cuesta, de uno de los coches de la organización se bajó Julián del Monte, que me saludó y me animó para darle caña a las zapatillas. Estaba pasando sobre el km siete y el motorista de la Guardia Civil que me acompañaba y que cerraba carrera me dijo que le acababa de hacer perder una apuesta, ya que no creía que llegase hasta ese punto. Toda la carrera, cada vez que me cruzaba con alguien, ya fuera corredor, voluntario o público, no paraban de darme ánimos y empujarme para seguir hacia adelante. La verdad es que me sentía especial, muy especial, ya que la emoción que me transmitían me daba impulso para el siguiente paso. Subiendo, subiendo, llegamos a la parte alta de recorrido, estábamos sobre el km 13, ahora tocaba bajar y dejarse llevar por los ocho km que faltan. En el 13 estaba un puesto de avituallamiento, algo extraño, pero muy agradecido, la verdad es que me sentó genial el plátano y la naranja que me tomé; la organización ha sido perfecta en todos los aspectos, en vez de tener en cuenta las distancias para establecer los avituallamientos, lo hicieron teniendo en cuenta los puntos complicados del circuito.
Al empezar la bajada, tuve claro que debía controlarme y centrarme en recuperar, ya que la parte final podría ser durilla si no me regulaba. Cuando pasaba por el 16 veía el km 17 y pude comprobar que el penúltimo me sacaba más de un kilómetro de diferencia. Iba a ser el último, pero iba a disfrutarlo a tope. En el 18 se unieron a mi escolta los ciclistas que habían ido controlando parte del circuito y me animaban alucinando sobre cómo iba. La verdad es que estaba en el 18 y llevaba casi dos horas. Si me lo tomaba en serio podría hacer menos de 2h 20′. El tiempo no me importa, en estas distancias lo más importante es seguir con prudencia, ya que sino el tío del mazo te la lía parda. En el 19 les expliqué que era mi noveno medio maratón, que ya había acabado un maratón y que había acabado dos triatlones. Durante unos instantes se quedaron mudos y de pronto soltaron: ¡lo tuyo son huevos! a lo que respondí que lo mío es corazón.
En el km 20 empezaba una pequeña rampa, que me mostró que había hecho bien en controlarme, ya no tenía piernas y sólo los gritos de ánimo y el empuje de todos me hacían seguir, ya no podía más y cada uno de los badenes era como un mazazo que me resultaba más duro, pero ya estábamos en los últimos centenares de metros y yo ya descontaba minutos que me quedaban por seguir. A falta de 300 metros pasó algo que me dio un escalofrío y me ayudo a romper mi bloqueo, el agente que llevaba 20 kilómetros conmigo y que había perdido una apuesta por la cabezonería de un loco, exclamó: ¡qué coño, vas a entrar con las sirenas, a lo grande!.

Las sensaciones de una carrera no acaban cuando llegas a meta

Las sensaciones de una carrera no acaban cuando llegas a meta

En ese momento encendió las sirenas de la moto, la ambulancia escoba encendió las suyas y todo el mundo que estaba en meta se giró para ver que sucedía. A 150 metros, una explosión de aplausos y vítores resonó haciendo que me emocionara y supiera que esto estaba hecho. Busqué a mi padre con la mirada y al verle le obligué a que entrara conmigo, que me acompañase a una nueva meta, a que viviese la emoción que hace que un inmenso loco haga las locuras que hace y que entendiese cómo me llena de felicidad cruzar una nueva meta, esa meta que sólo deja cruzarla a quien realmente se lo haya ganado durante la carrera. La salida la ganas con el trabajo y el esfuerzo previo, la meta la ganas con el corazón.
Muchas Gracias Miguel, Julián y a todas las personas que desde el primero hasta el último metro me empujaron para alcanzar otra meta.

 

 

 

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Y otra carrera me permitió llegar a meta

El parking de los sueños

El parking de los sueños

Siempre diré que, todo el entrenamiento y toda la constancia que dedico para conseguir mis retos, sólo sirve para garantizarme estar en la salida con la ilusión y la confianza necesaria para darlo todo. Nada puede darme la meta, ya que cualquier carrera tiene sus imprevistos y el entrenamiento nos prepara de forma física y mental para afrontarlos.

Un triatlón tiene una dificultad añadida, que no es sólo una disciplina deportiva, hay que entrenar por tres deportes a la vez y prepararse para hacer la transición entre una o otra. Si sólo haces travesías, nadas, nadas y sigues nadando; si haces ciclismo, pedaleas, pedaleas y sigues pedaleando; si vas a correr, corres, corres y corres … Pero si vas a hacer un triatlón, debes prepararlo todo. En una conferencia sobre triatlón, la conferenciante (Ariadna Coll) dijo que un triatlón son 4 disciplinas, nadar, bici, correr y las transiciones, y mi experiencia personal me lo ha confirmado.

Una vez que ya he explicado toda la parrafada de inicio, vamos al lío, al día en que me levanté siendo un triatleta distancia sprint y acabé siendo un triatleta distancia olímpica.

El día empezó temprano, muy temprano, a las 6 (boxes abrían a las 7  de la mañana y había que dejar la bici) y aproveché para desayunar un poco más fuerte de lo normal (la carrera empezaba a las 8:30). Antes de las 7 de la mañana, hacía el checkout del hotel, y metí todo el material dentro del coche. Nos dirigimos a la zona dónde se realizaba el triatlón. Una vez aparcado el coche, recogí la mochila y la bici y nos dirigimos hacia la zona de boxes.

A las 8 menos cuarto ya habían cerrado boxes y faltaban 45 minutos para mi salida. Empezaron los nervios, no por lo que me quedaba por delante, sino por el primer paso, en éste caso, la primera brazada. Había mucha gente, muchísima y habían dividido la salida en 4 turnos. Yo estaba en el último. Tocaba esperar y mientras iban dando las diferentes salidas, intentaba centrarme en la orientación que decían para saber cómo era el circuito de natación. Y me planté en mi grupo para preparar la salida. Los nervios ya estaban haciendo mella en mí pero no era mi primera salida y no iba a dejar ahora que me entrara el pánico.

Las esperas siempre son complicadas

Las esperas siempre son complicadas

A las 08:30 daban la salida. Como en el maratón, al dar la primera brazada me relajé. Me centré en encontrar un hueco donde nadar con comodidad y algunos nadadores (imagino que por la resaca de la fiesta de la noche anterior) se cruzaban por delante. Pero a pesar de eso, iba avanzando hacia las boyas, utilizando la técnica aprendida y economizando, al máximo, energías para el siguiente paso.

Cada brazada nos acerca más al destino

Cada brazada nos acerca más al destino

Yo iba pasando cada boya con mucha calma, disfrutando de las vistas privilegiadas del puerto de Valencia, no creo que la gente tenga muchas oportunidades de visualizarlo desde el agua. Estaba haciendo el camino de vuelta y a mi derecha, veía los grupos de ciclistas que iban a tope. Me quedarían unos 300 m para llegar y ya estaba con la cabeza visualizando la parte de la bici. Antes de darme cuenta, ya estaba haciendo la transición de nadar a bici.

Después de un chapuzón a secarse

Después de un chapuzón a secarse

En el triatlón de Tarragona, utilicé para la parte de bicicleta, la mismas zapatillas que iba a usar para correr. Sin embargo para Valencia, debido a que la distancia era mayor, decidí utilizar las zapatillas de bici para la bicicleta y para la zona de correr, las zapatillas de running. Me calcé las zapatillas de calas y me dirigí a la zona de salida. Una vez que había cruzado la línea marcada, me subí en la bici y resetee el cuentakilómetros. El reloj de la bici marcaban las 09:09, y me quedé pensativo (¿sólo había tardado 39 minutos?). No le dí más importancia, y me centré en pedalear, que es lo que tocaba hacer.

El circuito de bici era de 10 km y había que dar cuatro vueltas. Utilizaba parte del circuito de F1 de Valencia, aunque la primera vuelta estaba más pendiente de conocer el circuito de bici que de ver el paisaje. El velocímetro marcaba sobre 30km/h de media y me iban adelantando las bicis como en una autopista. Un ruido que me sorprendió eran los pelotones que se iban formando. Todo era silencio, mi bici y yo, pero a veces oía un zumbido intenso, casi de moto, y al mirar de reojo, veía el grupo de bicis que se acercaban velozmente y me rebasaban sin dificultad, yo simplemente les miraba con cara de ilusión, cada uno hace su carrera.

Decidí ponerme para la bici, un bidón de litro de isotónico, otro de 750 ml de agua, 2 caramelos de glucosa y 1 barrita de proteínas. La barrita, me la comí en la primera vuelta (para permitir que mi cuerpo lo asimilara) y el caramelo lo tomé en la última vuelta. En el medio, mucho líquido que el calor empezaba a apretar. El asfalto era muy bacheado y en el km 7 se me cayó un bidón de isotónico, por lo que me paré a cogerlo, no podía arriesgarme a no tener líquidos, ya que suelo deshidratarme y ésto no era ninguna broma (se aprende mucho después de cada golpe en carrera) y a mi mente vino mi pájara en el Maratón casi 1 año antes. Fuí a un ritmo medio, encontrándome con ciclistas que nos íbamos animando ya que en la tercera vuelta sólo quedábamos los rezagados. En la última vuelta, ya habían dado la salida de la Triatlón Olímpica Femenina. Llegué a la zona de boxes y dejé la bici; me calcé las zapatillas de correr (sentado en el suelo porque no podía agacharme) y empezamos la última parte, la que me haría romper la barrera de mi mente.

Yo sabía que los primeros 2-3 kilómetros iban a ser difíciles, muy difíciles, ya que el correr es algo que viene al final y las piernas ya llevan 2 horas y pico trabajando. El cuerpo debe reamoldarse a la nueva disciplina y todo es complicado.

Todos los primeros pasos son duros

Todos los primeros pasos son duros

Leyendo y entrenando, me dí cuenta que esos primeros kilómetros debo hacer pasos muy, muy cortos, lo importante es la cadencia del paso, no la distancia. La verdad es que ya era una sensación que conocía, así que no me preocupaba, pero sí que notaba que el calor empezaba a ser agobiante. Aprovechaba cada avituallamiento para refrescarme y, sobre todo, para mojar mi nuca y mi cabeza. Poco a poco iban pasando los metros y los kilómetros, y yo notaba que las cosas volvían a su cauce, las piernas empezaban a funcionar y yo iba corriendo cada vez más erguido.

El entrenamiento ayuda a superar los baches

El entrenamiento ayuda a superar los baches

Ya estaba en la última vuelta y mi zancada ya era más natural, más parecida a mi pesada forma de correr, pero el calor era insoportable, en el penúltimo puesto de avituallamiento ya me pillé la manguera de agua y me mojé toda la cabeza y la nuca, lo que me hizo revivir de nuevo. Quedaban menos de dos kilómetros y sólo sabía que estaba hecho, que no tenía que preocuparme más que por disfrutar de esos metros finales. Poco, muy poco quedaba ya para acabar. Encaré los últimos 1500 metros y Maje me acompañó unos metros. Al igual que en el Maratón, al verla me emocioné, otro momento que estaba ahí y me dijo que ya estaba hecho, y que nos veíamos en meta. Encaré el último kilómetro con los ojos vidriosos, recordando todos los días y todos los kilómetros que he nadado, pedaleado y he corrido para acabar otro reto. Faltaban 500 metros para acabar, y ví a Elena esperando, me paré, le dí mi gorra, un beso y tras un gran “Te Quiero”, y afronté la cuesta que llevaba a la meta con una energía desbordante. Última curva y apareció La Meta, esa meta que sólo se merecen aquellos que realmente sienten que quieren acabar.

Yo no soy un atleta profesional, ni siquiera un amateur, yo soy un loco que desea vivir y disfrutar de cada momento de la vida. Un día me atreví a soñar con correr y acabé un Maratón. Ahora hice la osadía de imaginar que acabaría un Triatlón Olimpico y la vida me ha premiado con dejarme cruzar la meta.

Gracias por ese gran regalo. Aquí tenéis mi meta.

Ciertas metas sólo son posibles para quienes lo merezcan

Ciertas metas sólo son posibles para quienes lo merezcan

 

 

Las cosas se cumplen cuando se sienten

0-dorsal

Cuando hago un nuevo paso en mi pequeña vida de deportista, tardo un tiempo en asimilar lo que he hecho; a mayor reto, más tiempo. Podría decir que no ha acabado todo hasta que lo dejo plasmado y así, todos los sentimientos y todo el esfuerzo que he dedicado, reciben su pequeña recompensa. Al igual que ellos me han ayudado a lograrlo, yo les ayudo regalándoles su gran protagonismo.
No hace demasiado he vuelto a hacer otro gran reto, no hace demasiado he vuelto a romper otra pequeña pared y ahora toca el momento de plasmarlo y dejar que los sentimientos lleguen al puerto de la conciencia.
El sábado 10 de agosto hice mi primer triatlón oficial en una carrera, la distancia no era excesiva y me lo tomé como un nuevo entrenamiento y ensayo para el siguiente paso. Para los que no están familiarizados con el triatlón, apuntaré que es un deporte que engloba tres disciplinas nadar, bici y correr, por éste orden. La triatlón que he hecho se denomina Sprint y las distancias son 750 m nadando, 20 km en bici y 5 km corriendo. Una vez introducido el tema del que voy a hablar, paso a contar la experiencia.
El sábado fui a Tarragona a la carrera. Conmigo venían Jose y Nicole y en la ciudad de Tarragona nos encontrariamos con más amigos, Mar, Helena, Yulene, Edixon, María (que también iba a hacer la carrera) y la familia de María. Hacia bastante calor y despues de recoger los dorsales, pasear un poco y comer, me puse el mono de triatlón y dejé la bici en la zona de Boxes. En el momento que la bici ya estaba ubicada, empezaron los nervios (que raro, jejejeje). Por mucho que me sentía acompañado, notaba que no podía relajarme, y al igual que en otros pequeños grandes retos, tenía ansiedad por empezar.
Ya quedaba poco para que dieran la salida de mi grupo y me dirigí hacia la salida (acompañado por María que salía cinco minutos más tarde). Dieron la salida y en el momento de zambullirme en el agua, me relajé (al igual que al dar el primer paso en la salida del maratón). Empecé a nadar con muuuuucha calma, dejando que mi cuerpo se deslizara y pronto empecé a pasar a gente (demasiado pronto creo yo). La natación fué cómoda, muy cómoda, y en poco más de 22 minutos ya había finalizado la parte de agua.

1-nadar

Una vez fuera del agua, tocaba la bici. Desde la salida del agua hasta la bici, había un pequeño gran paseo que hizo que las piernas empezaran a calentarse. Llegue a la bici y me equipé con lo necesario, el portadorsal, el casco, las gafas, las zapatillas y me dirigí hacia la zona de salida. Una vez que empecé a dar pedales, me sentía muy a gusto y dejaba que las piernas fueran a su ritmo, mientras iba viendo la playa y el puerto de Tarragona. Durante la parte de la bici, me crucé con María tres veces y nos dimos ánimos mutuamente. En poco más de 38 minutos, ya había acabado la parte de la bici y empezábamos lo que más me gusta y sin embargo la parte más complicada, correr.

2-bici

¿Por qué es la parte más complicada? simplemente porque siempre que he corrido he empezado fresco, sin haber realizado nada antes y en éste caso llevaba poco más de una hora haciendo ejercicio. La verdad es que el primer kilómetro iba bien, muy bien, controlando las sensaciones y sabiendo que tendría calor, me aflojé el traje. Pillé agua para refrescarme (lo del calor no lo llevo excesivamente bien) y fuí avanzando paso a paso. La parte más dura para mí, fué del km 2 al 3,5, ya que notaba que las piernas seguían sin entrar en calor y ya empezaban a pesarme, pero, como ya preveía, en el 4 ya estaban a punto para empezar a apretar, y así fué. Dejé que las piernas cogieran el ritmo y me planté en meta con zancada larga y disfrutando de cada metro que avanzaba. El subidón llegó a 200 m de meta, cuando el grupo de amigos estaba esperando para animar y mostrar su apoyo a éste pequeño gran loco.

3-run

Hoy, varios días después, puedo decir, porque ya lo siento de verdad: Soy triatleta!!!!!!
Gracias por acompañarme y permitirme compartir mis sueños con vosotros.

Unos nuevos pasos

Todo comienza con lo nuevo

Todo comienza con lo nuevo

Ya habéis visto mi historia, ya sabéis un poco sobre mí y sobre mis pequeños pasos en el mundo del running, lo que no es tan generalizado es que soy alguien a quien le encanta hacer que nuevas personas entiendan mi forma de ver mi punto de vista actual sobre el deporte. Ya he conseguido que varias personas vivan, en primera persona, mi actitud ante los kilómetros que se presentan delante de nuestros pies, y tengo la suerte de poder decir que en la gran mayoría de los casos una sonrisa iluminaba su rostro después de acabar con los minutos que habíamos planteado hacer.

Éstos pies corresponden a una nueva adquisición. No pudimos hacer unos pasos juntos, pero tengo la certeza que, por lo menos, empezó con muchas ganas e ilusión por hacer esos primeros pasos, y que tendré el gran honor de poder hacer unos minutos a su lado.
Recuerda, pequeño diamante, que si quieres hacemos una juntos.

Sonreír tanto como os permita la mandíbula, 🙂

Corriendo sobre pedales

Avanzando en mi camino

Avanzando en mi camino

El nombre de éste blog hace referencia a un deporte que me ha conquistado, correr. El correr me ha regalado una forma diferente de vivir la vida, de sentir lo hermoso que es superar cada paso y entregar lo que tienes dentro del corazón en unas zapatillas. Cada una de las zancadas me ha mostrado un camino para conseguir aquello que deseas, cada metro que he avanzado ha servido para contrarrestar cada segundo que he estado detenido.
Corriendo minutos y kilómetros he avanzado como persona, he evolucionado poco a poco, sintiendo que cada vez soy un poco distinto a como era antes, no lo voy a valorar en calificativos de mejor o peor, simplemente algo diferente. En ésta evolución he decidido que debía probar nuevas cosas y esto me ha llevado a probar nuevas disciplinas deportivas, a variar mis entrenamientos y a centrar mis sueños en más deportes. Ahora me he enganchado a los triatlones, por ahora sólo estoy preparando mi cuerpo y mi mente a éste nuevo camino. Aunque físicamente haya conseguido grande mejoras, había algo que no estaba consiguiendo y era, al igual que en el running, el dejar que mi mente no piense y que mi corazón sea quien me mueva. No hace demasiado había sentido que me estaba enamorando del nadar, había llegado a sentir que mi alma necesitaba nadar al igual que el correr. Ahora siento que ya he empezado a integrar el ciclismo (la tercera disciplina que me faltaba por conocer en el triatlón) dentro de mi alma, ya puedo empezar a decir que ésto empieza a integrarse dentro de mí. Al igual que cuando nado corro dentro del agua, ya he empezado a correr sobre los pedales.
Gracias por regalarme otro amor a mi vida.

Reencontrando al Héroe

Un dorsal es el comienzo de una historia

Un dorsal es el comienzo de una historia

Para mí, una carrera es mucho más que una distancia, es mucho más que un tiempo, es un momento de la vida en que estoy comunicado con mi ser interior, mi yo más profundo y con ese pequeño niño que habita dentro de mí.
Últimamente había descuidado mi pequeño jardín de cariño y confianza hacia mí mismo y las plantas del mismo estaban empezando a marchitarse poco a poco; no es que hubiera dejado de hacer lo que más me llena, es que había dejado de hacerlo por mí. En mi camino de enseñar a los demás mi forma de sentir el running, estaba olvidando que yo también necesito recordar por qué hago las cosas y que es lo que me aporta a mí. Mi jardín tiene un pequeño duendecito que cuida y protege todo lo que crece en él y que intenta eliminar las malas hierbas, todo lo que obstaculice mis sueños y que me impida alcanzar una meta. Esas malas hierbas crecen como cansancio, dudas, excusas y sobre todo pensamientos de abandonar, pero de repente, cuanto más grande se haya convertido esa pequeña jungla llamada fracaso, aparece el pequeño duende como un gran Titán que arranca todo eso y me abre un camino que me lleva no sólo a la meta de la carrera, sino al Olimpo de la felicidad más absoluta.
El pasado sábado 6 de julio predispuse todo para que las pequeñas hierbas me derrotaran y me impidieran avanzar: por la mañana un ejercicio intenso que me dejó agotado, al medio día no descansé y tenía ligeras molestias en las piernas que me hacían desconfiar sobre si empezar o no la carrera. A pesar de todo y con cara de no ser capaz de relajarme y disfrutar de esos 10 km., me planté en la salida y todo empezó. Los primeros cuatro kilómetros iban pasando y más o menos sobrellevaba las cosas como podía, mucho calor, controlando las molestias de la pierna y diciéndome mil veces que tenía que haber usado compresores de gemelos, que tendría que haber descansado, que estoy loco, … las hierbas estaban cogiendo fuerza y el jodido “plantavit” estaba haciendo un trabajo excepcional en mi confianza. Llegamos al meridiano de la carrera y yo estaba pensando en detenerme, el calor era excesivo, no conseguía disfrutar, y todo era decirme, en el siguiente kilómetro paro, así hasta que me planté en el kilómetro siete. En ese punto, mi cabeza era un enjambre de ideas negativas y mirando hacia el mar ví 2 luces de 2 barcos que se balanceaban al ritmo de las olas (la carrera tenía parte del recorrido paralelo a la costa). En ese momento una pequeña brisa me dió un segundo de respiro y noté como mi pequeño duendecito empezaba a crecer, mis piernas dejaron de estar ahí, ya no tenía nada más que pensar, ahora empezaba mi disfrute, mi sentido de vivir la carrera, en ese momento, empecé a sonreír y sentir que esto era un simple bache mental, ya estaba en el kilómetro ocho. En el nueve ya corría tranquilo, con mucho calor, pero disfrutando de cada metro y de pronto me encontré delante de meta. Quería explotar de alegría, quería dejar que mi torrente de emociones rompiera esa presa que había sido la carrera, pero no podía, no era el momento, estaba más pendiente de llegar que otra cosa.
El momento emotivo llegó un poco más tarde, cuando mi mente dejó de trabajar, volví a sentir que mi pequeño gran héroe había vuelto, ese héroe que me ha ayudado, durante estos dos años, a conseguir lo que he logrado, derrotar a todas las adversidades que he tenido.
En ese momento, volví a ser ese pequeño niño que corre por que es feliz.

Corriendo por alcanzar algo

Correr es una forma de empezar

Correr es una forma de empezar

Correr es una forma de vida, es cambiar la cultura del sofá por la cultura de la superación. El movimiento genera movimiento y lo que para mí empezó como un simple afán de perder peso, se está convirtiendo en un interés continuo por conocer nuevas formas de deporte, pero con una pequeña salvedad, que sea el deporte que sea incluya el correr. Es importante plantearse pequeñas metas que nos ayuden a motivarnos, pero que a la vez no nos impidan conseguirlas. Si somos demasiado osados, nos encontraremos de frente con la decepción y lo que es más duro, con el fracaso. Aunque el intentarlo es en sí un triunfo, lo más importante es sentir que disfrutamos luchando por ese reto, ya que tendremos momentos en los cuales nuestras fuerzas flaquean y podemos llegar a dudar de nosotros mismos.

Mi nuevo reto es hacer un triatlón, una disciplina deportiva que engloba tres deportes combinados y con el orden siguiente, nadar, bicicleta y correr. ¿Porqué quiero hacer un triatlón? simplemente porque antes no podía hacerlo. Para mí es una evolución de mi nueva vida, si me gusta correr, corro; si me gusta nadar, nado y si me gusta la bici pues ha pedalear. Ahora estoy haciendo las cosas un poco más complicadas para mí, y es integrarme en ésta nueva forma de entrenar, ya que cada día debo combinar un par de deportes y eso implica más tiempo de entrenamiento, pero también implica otra cosa, más tiempo para mí mismo.

La foto que ilustra ésta entrada es de mi entrenamiento de ayer, una prueba de natación y transición al correr. Fue duro y cansado, pero luego mis ojos transmitían un brillo intenso de satisfacción y felicidad. Está claro que me gusta, y lo más importante, que lo estoy disfrutando.

A ser felices y disfrutad de cada segundo de vuestra vida.